SUPERFINAL DE CAMPEONES EN SAN LUIS

“Millonarios” y “Santos” definirán quién es el campeón  2013-2014 CAVEGOL

Sábado a las 21:10 en el estadio Provincial “Juan Gilberto Funes”. Allí será la gran cita para definir quién es el campeón del fútbol argentino. San Lorenzo de Almagro, campeón del Torneo Incial y River Plate, flamante ganador del Final, serán los protagonistas de uno de los clásicos más viejos del fútbol argentino.

Será el partido Nº 182 entre dos de los clubes más populares de Argentina. River irá por su triunfo número 70 sobre los “Cuervos”, mientras que San Lorenzo buscará su victoria 51 ante los “Millonarios”. 62 son los empates, pero en esta ocasión no podrá haber igualdad. Alguno de los dos deberá levantar la copa en suelo sanluiseño por eso si al cabo de los 90 minutos reglamentarios más los adicionales, hay paridad, se recurrirá a la ejecución de disparos desde el punto del penal para consagrar al súper campeón del fútbol argentino.

Si antes de conocerse el rival de San Lorenzo, ya había expectativa en San Luis y en el país por este eventual choque, una vez conocido el nuevo campeón: River Plate, todo se magnificó a tal punto que los aficionados riverplatenses y azulgranas comienzan a querer saber detalles de lo que será esta finalísima.

El equipo de Ramón Díaz ya visitó la ciudad de La Punta para jugar un amistoso con un seleccionado de San Luis, el pasado 5 de febrero y causó una revolución. Esta vez no será amistoso y su regreso volverá a desatar la enfermedad en rojo y blanco. Porque para los fanáticos de la Banda de la provincia la noticia multiplica la ansiedad y las connotaciones que generó en los últimos meses el campeonato de primera división para un equipo que volvió de la Primera “B” Nacional y que este domingo, en su segunda temporada de regreso a la primera categoría, dio el grito más fuerte y esperado.

San Lorenzo, por su parte también estuvo hace poco tiempo en San Luis y precisamente hizo la pretemporada 2011 cuando el 11 de julio de ese año llegó a la provincia y se quedó hasta el 24 de ese mes bajo la dirección técnica del “Turquito” Omar Assad. El “Ciclón” ya conoce estas tierras y también el “Juan Gilberto Funes” donde hizo fútbol durante varias jornadas y fue seguido por una gran cantidad de hinchas que se llegó hasta el estadio de La Punta para estar con sus ídolos de ese momento.

La consagración “Millonaria”

 

River Plate llega hasta esta Superfinal luego de afrontar el semestre con el único objetivo de ganar su 35° título. A lo largo del torneo vivió momentos épicos, como cuando venció a Boca en la Bombonera. Ramón, siempre bajo la lupa de hinchas y dirigentes, se sobrepuso incluso a la polémica con la barra y validó sus credenciales del “más ganador de la historia” en el fútbol doméstico. Obtuvo el título en la última fecha y se desahogó tras seis años de angustia.

Nadie, ningún hincha de River hubiese aceptado el carnet con las estrellas de sus 110 años de gloriosa historia si alguien le anticipaba que después de aquello vendría un descenso pero la consagración de hoy, a seis años del último título y a tres del paso por la “B” Nacional, se transforma en un desahogo tan grande como el Monumental y con el sabor de lo que tanto se hizo desear, de lo que tanto costó alcanzar.

River debió refundarse para volver a hacer relucir su vitrina; la debacle le sirvió como enseñanza para entender que sólo podría validar su historia grande desde la unión y así, desde la llegada de la nueva dirigencia encabezada por Rodolfo D’Onofrio, se encaminó al 35° título local en 112 años.

El del Torneo Final 2014 pasará a la historia como el del desahogo, el que comenzó allá por febrero con un triunfo ante Gimnasia de La Plata para ilusionar a todos pero que rápidamente lo desconcertó con tres partidos sin ganar, ante Rosario Central, Godoy Cruz y Colón, estos dos últimos con derrota.

A partir de allí las críticas al técnico Ramón Díaz, quien nunca fue del agrado absoluto de la dirigencia, pero que supo sobreponerse a las críticas, a las decisiones polémicas (su hijo como ayudante de campo, refuerzos como Osmar Ferreyra y Juan Carlos Menseguez, etc) y hasta a sus propios errores, como aquel controvertido agradecimiento a la barra luego del triunfo ante Rafaela que le costó las críticas hasta de los hinchas.

“Yo soy el primero que voy a dar un paso al costado para no hacerle mal a River”, dijo el riojano cuando el presidente D’Onofrio lo puso en duda. Pero Ramón, con más amor propio que raciocinio siguió adelante.

Tras las dos derrotas consecutivas llegó el triunfo en el clásico ante San Lorenzo y luego ante Arsenal con el recordado penal de Pablo Lunati que luego Fernando Cavengahi, el goleador del equipo en el torneo, cambió por gol.

El momento del torneo fue la victoria en la Bombonera tras 10 años. Fue un triunfo evangelizador. La victoria en la casa de Boca convenció al equipo de que podía ser campeón, de que tenía con qué. De que si Leonel Vangioni se lesionaba, entraba Ramiro Funes Mori y podía hacer cosas importantes, como el gol del triunfo ante el “Xeneize”.

A partir de allí y más allá de los traspiés que significaron las derrotas con All Boys y Belgrano, el equipo siempre supo que podía. Le ganó a Vélez en el Monumental y, aunque compartida con Gimnasia, alcanzó la cima por primera vez en el semestre.

Luego, el otro momento del torneo: el penal atajado por Leandro Chichizola ante Racing en el descuento para un 3-2 que le dio la mayor parte del título.

Después hubo que respaldar aquel triunfo y el equipo, antes acostumbrado a fallar en los momentos en que debía dar la talla, lo hizo: venció a Argentinos en la anteúltima fecha y el desatino le dio una mano con la derrota de Gimnasia, el que hasta ese momento era su principal retador.

Llegó a la última con dos puntos por encima de Estudiantes y tres sobre Gimnasia. El rival era Quilmes. En la semana mil especulaciones: que la valija de Caruso Lombardi, que el discurso a favor de la incentivación de Aníbal Fernández…. A la hora de la verdad un 5-0 lapidario sobre el “Cervecero” que le valió al “Millonario” por el 35° título de su historia. Fue, sin dudas, la consagración del desahogo.

 

 

 

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